Patrimonialización de documentos

José Iván RodríguezBlog0 Comentarios

Seguimos a vueltas con los documentos privados, o más concretamente, hablando de aquéllos que han sido privatizados de forma arbitraria, parcial e interesada. Me refiero en esta ocasión a dos noticias recientes que han aparecido hace pocos días y que deberían hacernos recapacitar, cuando no elevar decididamente la voz para protestar con energía.

De una parte, la aparición en los cubos de basura de unas copias de informes clínicos, correspondientes al Hospital Negrín de Las Palmas de Gran Canaria, que según hemos sabido fueron arrojadas a la calle debido a la mudanza y limpieza en la casa de un antiguo facultativo del centro, con ganas de deshacerse de unos “papeles” incómodos o aparentemente inservibles. 

Mi primera reacción, alarmado, fue la de poner el grito en el cielo. ¿Cómo era posible que tuvieraesoen su casa? ¿Dónde quedaba el respeto a la normativa vigente, en este caso la Ley de Protección de Datos? ¿Alguien iba a responder por este desafuero, o quedaría como una anécdota insignificante, cuando realmente sí tiene enjundia? Éstos y otros interrogantes puede planteárselos cualquiera, no hace falta ser un experto en la materia, sino tener al menos dos dedos de frente y un poco de sentido común.

Justamente esa mesura, ligada al buen conocimiento que de la cuestión tienen los compañeros de ASARCA, contextualizaron mejor el problema. Así, no debe olvidarse que los documentos originales generados por el Hospital continúan a buen recaudo, dentro de un sistema de gestión documental que hasta ahora ha funcionado –y sigue haciéndolo– de forma eficiente, respaldado incluso con el decreto 178/2005 (publicado en el Boletín Oficial de Canarias número 154).

Sin embargo, aunque el personal médico tiene derecho a realizar copia de parte de la documentación, sobre todo la que afecta a sus pacientes directos, la dificultad aquí estriba en el uso posterior que se le dé a esas copias. Así, resulta inadmisible el desenlace de lo acontecido, porque se ha roto el anonimato de unos historiales clínicos que requieren alta protección. Estamos, sin duda, ante una mala praxis que debe que erradicarse. Y es que, como decíamos en un post anterior, hay mucho que hacer todavía en cuanto a sensibilización de la sociedad sobre el valor de los documentos, quedando además por desplegar estrategias de control, seguridad y tratamiento archivístico de una ingente documentación, tanto pública como privada.

El otro ejemplo de los últimos días, como decíamos, está esta vez relacionado con la política y la corrupción de las prácticas institucionales. Seguramente ya habrán conocido lo sucedido con el alcalde de la localidad madrileña de Serranillo del Valle, Antonio Sánchez Fernández, imputado en la Operación Púnica y que fue pillado in fraganti con varias cajas de documentos municipales, seguramente con intención de quemarlos o desaparecerlos de la faz de la Tierra, lo que provocó al final su irremediable dimisión. Asistimos, por lo tanto, otra vez a la patrimonialización de los documentos generados en el desempeño de un cargo público, a la opinión de que “eso es mío y yo me lo llevo”, evitando así cualquier tipo de prueba judicial.

Surgen de nuevo más preguntas, aunque aquí de más difícil contestación. ¿Existe alguna persona responsable del archivo local? ¿Tuvo constancia de esta “transferencia”? –Ya anticipo que no–. ¿Hay más documentación de ese Ayuntamiento desparramada a saber dónde? (Mejor no seguir adelante con el tenor de estas cuestiones, porque podemos obtener una visión sonrojante y desoladora si ampliamos el interrogatorio a otras corporaciones y entes).

Nuestro enfado, nuestra perplejidad ante todo esto, como profesionales del sector, debe llevarnos a encabezar una lucha contra el desconocimiento, a involucrarnos en campañas de salvación y revalorización de los documentos (da igual la tipología). No por un prurito romántico o de interés específico, sino porque en realidad estos documentos –todos– conforman una de las bases de nuestra cultura. Y ésta tampoco es una frase hecha o vacía. ¿Acaso he sido el único que se ha llevado las manos a la cabeza con estos dos sucesos que comentamos? ¿Consideramos inaceptable que alguien se adueñe de documentos que pertenecen a la sociedad? ¿Por qué?

 

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