En busca de los límites

José Iván RodríguezBlog0 Comentarios

 

Para iniciar Fernando Betancor su colaboración en este blog de ASARCA, lo hace abiertamente poniendo el dedo en una llaga que nos afecta sobremanera, o incluso retorciendo esa herida para que con el dolor resultante nos animemos a entrar en el debate, de un tema controvertido y espinoso. Asumo el reto.

¿Los límites entre archivos personales y las fuentes originadas por la realización de actividades públicas? Difícil marcar los contornos de esos límites, sobre todo porque nos enfrentamos a lo desconocido, el no saber dónde están determinados fondos, tener la sospecha de que algunas cosas, algunas historias, están guardadas bajo siete llaves, en algún arcón de vaya a saber uno qué inmueble. A muchos investigadores les sonará esto que digo, cuando han visto que ciertos documentos faltan o están desaparecidos, cuando reciben el soplo de que eso que buscan lo tiene tal o cual persona. Los herederos de esas masas documentales actúan, en este caso, como guardianes del secreto, para salvaguardar el prestigio del creador, inmune así a una rendición de cuentas que tal vez perjudicase a su reputación como personaje público. Por lo tanto, ya no sólo hablamos de archivística, sino de conceptos como “prestigio”, “honor” y “propiedad privada”, enredando aún más el nudo gordiano.

A nivel nacional, un caso directamente relacionado con el que ya se apuntaba de Juan Negrín López, pero en una vertiente más sangrante –y por desgracia no es un simple juego de palabras–, lo constituye la opaca y partidista Fundación Francisco Franco, que se encarga, entre otras desfachateces, de guardar los documentos usurpados por el dictador, cuando claramente éstos deberían formar parte del patrimonio documental español. Aunque no hace falta irnos tan lejos. En nuestro entorno regional tenemos todavía mucho por hacer en cuanto a sensibilización sobre el valor de la documentación, y su disponibilidad para la ciudadanía, haciendo aflorar todos aquellos documentos de carácter público que se conservan hoy en archivos privados. Sé que es una ardua y compleja tarea. Pero es lo mínimo que podemos hacer si queremos enorgullecernos de conseguir la transparencia en una sociedad de verdad configurada democráticamente.

Hace unos días, analizando un tema bastante paralelo a éste –el de las bibliotecas particulares–, el rector colombiano José María Maya Mejía opinaba que debía desterrarse la idea de amasar viejos libros en el entorno de una biblioteca personal, donde sólo acabarían deteriorándose y acumulando polvo. “Ya es hora de que abandonemos esta costumbre individualista, que ya no tiene sentido en el mundo contemporáneo”, siendo mejor que esos dueños se desprendan de estas bibliotecas y las entreguen a “instituciones que van a multiplicar su utilización”.

Creo que al final se trata de eso, de propiciar un vínculo entre las esferas privada y pública, con el papel mediador de las instituciones científicas y culturales, para acercar la producción documental “oficial” –mantengo las comillas por precaución metodológica– a todos los interesados, sin la necesidad de recurrir a ninguna artimaña para superar barreras subjetivas.

Como dice el clásico, ésta es mi humilde opinión, no sé si la he expresado manifiestamente clara. Sea como fuere, muchas gracias por dejarme participar de esta experiencia bloguera. Siempre es un placer compartir espacio con tantos y tan buenos profesionales. 

 

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