Coffee break: charlamos con Fernando Betancor Pérez

Belén Lorenzo FranciscoBlog0 Comentarios

Aunque es verano, seguimos tomando café con algunos compañeros. Esta vez lo hacemos con Fernando Betancor Pérez, Técnico-Archivero de El Museo Canario.

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¿Cuál fue tu primer acercamiento a un archivo?

La primera vez que entré en contacto con un archivo fue hace ya algunos años cuando cursaba la asignatura de Historia Moderna… allá por el año 1988. Fue una primera toma de contacto un tanto desconcertante porque leer un protocolo notarial del siglo XVII no me resultaba nada fácil —aún hoy hay alguno que se resiste— y fue necesaria una gran dosis de paciencia para llegar a tener una comunicación fluida con aquellos documentos. Nada hacía presagiar en aquel momento que me dedicaría a la archivística.

Con el paso del tiempo —porque ya tengo algunos años— empecé a ver el archivo con una mirada diferente a la del historiador. Tras concluir la carrera de Geografía e Historia me matriculé en la asignatura de Archivística en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria por aquello de conseguir créditos para el doctorado. Allí tuve la suerte de tener como profesor a Enrique Pérez Herrero, hasta hace poco tiempo director del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, profesional que supo transmitirme su pasión por los archivos y por todo lo que en ellos se custodia. De este modo, mi acercamiento al archivo con mirada de archivero fue un verdadero descubrimiento que, aunque siempre estuvo latente, fue gestándose lentamente hasta que cristalizó a mediados de la década de 1990.  Y en eso estamos…

¿Qué es para ti un documento?

Definir “documento” en un blog sobre archivística no es una tarea fácil y da un poco de miedo porque hay gente que sabe mucho leyendo esto. En líneas generales tiendo a pensar que documento es cualquier objeto que contiene y proporciona algún tipo de información que nos permite y contribuye a conocer y entender mejor la realidad tanto presente como pasada. Aquí tendrían cabida, por supuesto, eso que llamamos “documentos de archivo” en los que los soportes, formatos, codificación y medios empleados para registrar y almacenar la información se convierten en un elemento central y distintivo, desde los ya clásicos papel y pergamino hasta los modernos archivos y ficheros electrónicos basados en códigos digitales, pasando por las cintas magnéticas sobre los que quedan recogidos registros sonoros o audiovisuales o las placas de vidrio que congelaban una imagen en negativo de la realidad.

¿Qué destacarías del Museo Canario?

Al margen de las colecciones arqueológicas, me gustaría destacar, no podría ser de otro modo, su valioso fondo documental. Tanto la biblioteca como la hemeroteca que posee El Museo Canario son por todos conocidas y valoradas, en tanto en cuanto supone uno de los fondos documentales impresos canarios más importantes conservado. Sin embargo, el archivo histórico que custodia no es tan conocido, realidad que en los últimos años hemos intentado ir  transformando poniendo en valor de manera paulatina sus fondos y colecciones. Por lo tanto, destacaría su archivo histórico integrado, entre otros fondos y colecciones, por el generado por el distrito inquisitorial de Canarias con el que llevamos trabajando en su organización, descripción y puesta en valor desde hace varios años; el fondo de la Casa Fuerte de Adeje, organizado y descrito por el archivero y también socio de ASARCA Carlos L. Santana Jubells; o la treintena de agrupaciones documentales de origen privado —personal, empresarial y fotográfico, éste último al cuidado del también técnico Enrique Biscarri Trujillo— que hacen de El Museo Canario uno de los centros insulares con mayor cantidad de fondos de esta naturaleza (Colecciones Bravo de Laguna, Felo Monzón, Salvador Manrique, Galería Wiot, Gregorio Chil, Fernando de León y Castillo, etc.), sin olvidar su interesante archivo musical.

Pero, de todo ello, lo que más destacaría es el esfuerzo que en los últimos años se ha realizado para difundir el archivo sirviéndonos de las estrategias digitales a nuestro alcance, especialmente volcando en nuestro sitio web los registros descriptivos —y numerosos objetos digitales asociados— correspondientes a las colecciones que van siendo organizadas o utilizando las redes sociales para divulgar nuestros fondos. Nuestro objetivo último es conseguir que el archivo no sea sólo un edificio o un espacio, sino, sobre todo, un servicio… y  poco a poco lo vamos consiguiendo.

¿En qué consiste tu labor?

El trabajo desarrollado en el archivo de El Museo Canario es muy similar al que se puede hacer en cualquier archivo histórico, sin perder de vista que también contamos, como es natural, con un archivo general o administrativo que crece y crece y que también hay que tratar de tener al día. Por lo tanto, la organización, la descripción, la incorporación de medidas de conservación preventiva y la difusión a través de iniciativas como el documento del mes —en la que también participa Luis Regueira Benítez, responsable de la hemeroteca de la institución—, son las actividades habituales que realizo. Como ven, nada nuevo en el mundo de la archivística.

Por otro lado, también me encargo de la recepción y tramitación de los depósitos y donaciones de documentos, así como  la tramitación de los préstamos temporales del material documental que es solicitado para exposiciones o para emprender estudios y análisis específicos, estableciéndose así colaboraciones con otras instituciones. Como sucede en otros centros —por no decir en todos— la plantilla con la que cuenta El Museo Canario es muy ajustada y —aunque tengamos una función principal— tenemos que dedicarnos a diferentes tareas.

 

¿Qué hace un archivero en las horas en las que no está en el archivo?

Como antes señalé es verdad que la archivística no fue mi vocación primera, pero con el paso del tiempo se ha convertido en una profesión con la que disfruto mucho. Así que, cuando no estoy en el archivo parte de mi tiempo se dedica a seguir “pensado archivísticamente” tratando de encontrar temas y asuntos interesantes para incluir en el blog que administro desde hace más de dos años: “El archivo: la gestión de la memoria”. Es un blog un tanto especial porque los temas archivísticos son tratados de un modo más —no se si es ésta la palabra exacta—“lúdico” relacionando los archivos con la literatura, pintura, música, cine, etc. Esta experiencia de escribir un blog se la recomiendo a todos, tanto como forma de reflexionar como para entrar en contacto con profesionales del medio de diferentes partes del mundo que, sin estas estrategias digitales, seguro que nunca habría conocido.

Asimismo, la formación ha estado y sigue estando muy presente cuando estoy fuera del archivo. Hace un par de años terminé la licenciatura en Documentación, y este curso comienzo un máster de Archivos, gestión documental y continuidad digital… Ahora que lo pienso, ¡en mi vida está demasiado presente mi trabajo!

Pero bueno, siempre hay tiempo para disfrutar de la vida familiar, de los amigos, de la lectura, de algo de deporte… ¡ah! y también de mi perra Lúa, y también de su hermana Lía, —que dentro de poco cumplirán un año— y que realmente ocupa una buena parte de mi tiempo.

 

¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión?

Por un lado, uno de los aspectos que más me gusta de esta profesión es el hecho de que se trate de una disciplina que te somete constantemente a nuevos retos. Un nuevo fondo o colección que organizar con lo que ello conlleva de investigación previa; un nuevo documento que describir; un nuevo soporte al que enfrentarte; una realidad informacional en constante cambio… Todo ello contribuye —además de a tener esos momentos de mucho estrés que es mejor olvidar— a que debamos permanecer siempre alerta, siempre actualizándonos, en definitiva, siempre aprendiendo.

Otro momento muy gratificante es aquel que muchos archiveros reconocerán: ese instante en que consigues que un montón de papeles se transforme en un archivo.

Finalmente, sin duda hacer accesible la documentación —con la información que ésta posee— a los usuarios es una de los aspectos más gratificantes de esta profesión. Por lo tanto, constatar la utilidad que tiene tu trabajo es el un gran valor que yo destacaría.

Bueno, no quiero despedirme sin agradecer a ASARCA y a todos los miembros de su junta directiva, tanto la actual como las pasadas, la labor que desarrolla en beneficio de la archivística en Canarias. Asociaciones como ésta contribuyen a que los archivos y la profesión de archivero sean poco a poco mejor conocidos y, por tanto, mejor valorados.

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